Y al final
Y al final Y mientras veía que se acercaba la hora de su partida sentía una presión en su pecho, sabía que no era la ansiedad del viaje era esa parte que dejaba atrás cada vez que se iba, ese pueblo tenía tanto de ella; su sudor, lagrimas, deseos y tantos recuerdos que se quedaban mientras ella se iba sin voltear; ese pedazo que moría con su partida era el que la hacía regresar con la esperanza de revivirlo. Y así subió aquel bus pensando: -Odio este maldito viaje tan largo y a esta gente. Procedió a buscar su asiento en el que ya se encontraba un hombre de unos 40 años, de tez trigueña y demasiado afable para su gusto, ella contestó su saludo y levanto esa barrera que nunca olvidaba poner. Sacó un libro y se despidió del mundo por el resto del viaje (o por lo menos eso creyó). Cerró sus ojos forzándose a dormir pero no lo logró, le daban vuelta en el alma tantos demonios que le impi...