Trascendencia
-¡Y
así es la vida!
Pensaba sentada en aquella banca del Parque. La verdad se le atropellaban las ideas, no entendía porque intentaba dilucidar tantas cosas al mismo tiempo, ni siquiera estaba segura que impulsaba tanta cavilación. En realidad era algo normal, su mente era inquieta. Su búsqueda de “algo más” no terminaba nunca. Ella quería trascender.
Pensaba sentada en aquella banca del Parque. La verdad se le atropellaban las ideas, no entendía porque intentaba dilucidar tantas cosas al mismo tiempo, ni siquiera estaba segura que impulsaba tanta cavilación. En realidad era algo normal, su mente era inquieta. Su búsqueda de “algo más” no terminaba nunca. Ella quería trascender.
Decidió
dejar atrás aquel parque solitario y oscuro (a fin de cuentas, no era como que
vivía en la ciudad más segura del mundo), así empezó a caminar aunque siempre
sumida en sus pensamientos, se detuvo en una café y se dijo así misma -hoy no
quiero beber, prefiero un café bien caliente y terminar de leer este libro que
me ha atrapado mucho-. Así pues ordenó un expreso largo y se sentó en la mesa
que se encontraba más alejada de la gente. Aquel café estaba lleno de hombres,
la mayoría algo “grandes” y casi todos discutían sobre el mismo tópico;
política nacional, lo cual era bastante lógico tomando en cuenta que se
encontraban próximas las elecciones. Ella tuvo que cruzar casi todo el local
delante de aquellos hombres y sintió la mirada estupefacta de los mismos,
estaba acostumbrada que a la gente le sorprendiera ver a una mujer sola y más
una con un libro debajo del brazo.
A
ella poco le importó lo anterior, continuó su camino hasta la mesa donde iba a
quedarse unos minutos para darle fin a su libro. Mientras lo abría recordaba la
forma tan peculiar en que había conseguido ese libro, libro que deseaba tener
en sus manos desde que lo vio circulando en las redes sociales. Era sobre este
tema que la ocupaba últimamente, la trascendencia, nuestro objetivo en la vida,
salir de la norma, la libertad, ser, ¡VIVIR! Recordó que en unas de sus
acostumbradas escapadas del estrés de la ciudad, el trabajo y la cotidianidad.
Caminaba por las calles de piedra de un hermoso pueblo en las afueras de la
Capital y había un artista local exhibiendo sus pinturas extravagantes y
oscuras (tal y como le gustan) y al voltear en una esquina, ahí estaba….ese
Señor mayor con sus manos temblorosas sentado al final de una acera con una
pequeña mesa a sus pies exhibiendo libros de escritores nacionales entre otros,
ahí estaba; entre todos esos libros, sobresaliendo “Las puertas de la
percepción, Cielo e Infierno”. No dudó ni un momento en acercarse para
preguntar el precio aún si eso le significaba regresarse del pintoresco
pueblito halones. Pero no hubo necesidad
de tal cosa, el anciano ofertó en una excelente cantidad el libro. Ella sintió
que ese viaje había sido más productivo de lo que había podido imaginar. Así
pues, libro en mano empezó a buscar el lugar perfecto para comenzar la lectura.
Fue así que encontró tan magnífico libro, cuando menos lo esperaba, sin
buscarlo, así como pasan las mejores cosas en la vida.
Mientras
estuvo abstraída en sus recuerdos, las miradas no cesaron. Ella se dio cuenta
pero no quiso darle importancia, continuó su lectura. Pasada una media hora vió
el reloj y se dio cuenta que ya era bastante tarde y ya casi estaban por cerrar
ese expendio de café. Terminó el párrafo que leía y se levanto para caminar
rumbo a su casa. En el camino pensó en tomar otro camino al usual, por
seguridad. No guardó el libro en su maletín, lo llevaba bajo el brazo cerca de
su corazón, resguardándolo como protegiendo un tesoro.
En
cierto punto del camino sintió la misma impresión que en el café, como que
alguien la observaba.
-Mmmmm….creo
que esté libro realmente me está afectando, ya estoy imaginando cosas y eso que
aún no pruebo la mescalina -sonríó levemente-.
No
detuvo su paso, volteo hacia atrás pero tal y como supuso no había nadie cerca.
Aceleró el paso y se reacomodó el libro bajo su brazo. Nuevamente esa
sensación, esa incomodidad….
-Bueno,
¿qué demonios me pasa?
Sintió
esa necesidad de voltear otra vez hacia atrás pero se dijo,
-No
me voy a dejar llevar por estas tonterías.
De
repente escuchó un susurro en su oído algo ininteligible, a éste punto ya no
pensó y se dejó llevar por el impulso de voltear, al hacerlo se encontró con un
rostro sombrío, inexpresivo con ojos negros como azabache, profundos, era
imposible distinguir la pupila, tal parecía que no tuviera alma. Ya saben lo
que dicen, “los ojos son los espejos del alma”, pero en éstos no había nada más
que vacío, un abismo interminable que te succionaba por completo. Ella se llenó
de un miedo paralizante, tenía dificultad para respirar, de repente sintió un
frío que la atravesaba justo en el estómago, la invadió una sensación de
vacuidad de pies a cabeza, en ese instante vio antes sus ojos pasar imágenes de
su vida, recuerdos de todo tipo, felices y tristes, vio a su madre, a sus
amigos, su pequeña hija peluda de cuatro patas moviendo la cola y saltando de
felicidad como acostumbraba recibirla a su llegada a casa, los veía a todos
juntos pero no podían escucharla, ella gritaba pero, como si estuviera dentro
de una vitrina a prueba de ruidos, golpeaba con fuerza el vidrio que la
separaba de sus seres más queridos pero ellos estaban ahí como si nada pasara,
no la veían ni mucho menos la escuchaban. Después de ver que sus intentos eran
inútiles se desmoronó sobre sus rodillas, un dolor profundo y punzante le
atravesaba la médula, ya no podía pensar más, sentía una debilidad embriagante
y se fue perdiendo en esos abismales ojos negros y profundos que seguían frente
a ella, nunca se fueron, ni siquiera cuando vio a sus amigos y a su madre,
¡NUNCA! Ni cuando su perrita saltaba y corría, ellos se mantuvieron ahí en la
sombra.
Desplomada
en el pavimento, el dolor punzante no cesaba y a medida que se acrecentaba,
también sentía como su alma se iba desprendiendo del envase que llamamos
cuerpo. Estaba trascendiendo, ascendiendo a otro estado de conciencia, era lo
que ella buscaba, el libro… ¿Sería el libro? ¿Serían esos ojos de abismal
negrura? Pero un momento, ¿de quién eran esos ojos? ¿Eran esos ojos los que la
perseguían cuadras atrás? Tantas preguntas la abrumaron, tantas preguntas que
no pudo responder, así que se dejó llevar, dejó de pensar y aceptó que era
momento de elevarse a otro plano existencial, lejos de los mortales. Ya no
quiso saber más, se entregó a esos ojos con alegría ¡Al fin lo había logrado! Y
exhaló su último aliento.
En
el pavimento quedó tendida con su maravilloso libro junto a ella, violentado,
ahí tirado, sus hojas abiertas en la página 62, donde se dejaba ver el
siguiente texto:
-Idealmente,
todos deberían ser capaces de hallar la autotrascendencia en alguna forma de
religión pura o aplicada.
Y
ella la encontró, no en la religión pero si en las páginas de sus libros y en
las abismales profundidades de aquellos ojos negros. Bajo éste párrafo citado
no se leía más, unas manchas rojas habían dañado la integridad de su tan
preciado libro. Y así quedó tendida sobre una enorme mácula carmesí, su
trascendencia a manos de un extraño de ojos negros en las oscuras calles de una
Ciudad sin Dios.

Bello como siempre!
ResponderEliminarShocking!!��
ResponderEliminarShocking!!��
ResponderEliminaruna verdad latente
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