Cuento corto



El cuarto de los recuerdos






Mientras estaba sentada de nuevo en aquel cuarto escuché su voz, como un susurro que me penetró hasta los huesos, el miedo me asaltó, sentí una electricidad paralizándome  y que me adormecía la punta de los dedos. Una ráfaga helada subió por mi espalda erizándome los vellos de la nuca; no pensé volver a escucharlo.

Lentamente comencé a girar mi cabeza, observé el papel tapiz de la pared con sus destellos rojos y esa sombra negra que le daba un aspecto de tercera dimensión, los cuadros de Dalí que siempre lograban transportarme algún mundo fantástico y que tanto le gustaban; la ventana con su marco de caoba tan bien barnizada y la hermosa vista al camino de grava que daba hasta la entrada principal, me detuve un momento en aquella lámpara que rara vez encendíamos (el tacto siempre fue suficiente); el espejo de borde dorado y arquitectura gótica que siempre confundía sus curvas y las mías uniéndolas en una sola, complicando la interpretación de las imágenes que no importaban en tales circunstancias. Continúe el recorrido por el cuarto de los recuerdos hasta la foto del Che sosteniendo un habano que tenía sobre aquel barco de madera antigua con los cañones apuntando al norte y el caballero en armadura plateada que montaba el corcel galopante.

A medida me acercaba a la puerta mis pulsaciones aumentaron tanto que me ensordecían… y lo vi, ahí parado en la puerta. Intenté tocarle esos largos cabellos negros pero estaba inmóvil de emoción y de embeleso, no pude moverme ni un milímetro. ¡Ah! se veía más hermoso que nunca y de repente, ese sonido; ese maldito sonido que me impedía pensar, el trataba de decirme algo, yo veía sus labios moverse sin emitir sonido alguno y sus ademanes invitándome a correr a sus brazos. Trate de gritar muy fuerte y decirle que lo había extrañado tanto y que estaba tan feliz de verlo de nuevo pero se acrecentaba ese sonido del demonio ¡tic, tac, Tic, Tac TIC, TAC!

Cerré los ojos, me tape los oídos en un intento por hacerlo desaparecer ¡shh! ¡SILENCIO! grité y  desapareció, entonces rápidamente me quite las manos de los oídos y abrí los ojos lentamente con tanto miedo de perderlo de nuevo y vi al conejo blanco, ahí estaba como siempre asomado en la pequeña ventana blanca que tenía la puerta, rápidamente recorrí con mi mirada aquel cuarto que me guardaba con recelo tantos recuerdos en un afán por reencontrarme con sus ojos negros profundos, pero no lo encontré; se había ido junto con los cuadros de Dalí y nuestro espejo dorado. Tampoco estaba la grava ni las flores del jardín, solo había un largo pasillo blanco, volteé y el papel tapiz también había desaparecido, era igualmente blanco y estaba acojinado, mientras trataba de entender que había sucedido, el conejo blanco entró intempestivamente con algo en sus manos y me dijo -todos somos bienvenidos en el país de las maravillas- y arremetió contra mí con un artefacto puntiagudo y brillante, sentí ese líquido quemarme las venas a y así mientras caía a través de la madriguera del conejo pensé -no es tan extraordinario vivir al otro lado del espejo-.

 Angelikus
 
 

Comentarios

  1. Un viaje al pasado, pude sentirlo! Increíble!

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  2. No puedo esperar para leer más! ! Muy bien!

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  3. No puedo esperar para leer más! ! Muy bien!

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  4. O.M.F.G.!!! Me fascino. Muchas gracias por compartirlo. Espero leer mas pronto. Exitos!

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  5. Gracias amiga, hermosos cuento y muy sugestivo a la memoria, hace bolar la imaginación. Felicidades

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  6. :O Muy bueno, segura no es profesional en esto?

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  7. Que excelente!.... Deja la puerta abierta para crear una historia completa, pero a la vez, el ser corto y solo dar esa probada de ideas y sensaciones lo hace perfecto.

    Animo! hay que seguir escribiendo!

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